GENERAL CABRERA: De Profesión médico

No le pongamos rótulos, Víctor Karakachoff tenía solo uno, el que lucía con orgullo, de profesión… Médico.

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Corría el año 1993 y nacía mi hija; habíamos elegido para que fuera atendida los mismos médicos que me habían atendido a mí cuando llegué al mundo en 1971. Como obstetra el Dr. Nello Storani y como pediatra al Dr Víctor Karakachoff. En el momento en que llegó mi hija , la obra social que nos atendía (ISSARA) había cambiado el convenio de la clínica “Mayo” a otro establecimiento; a las pocas horas de nacer Víctor realizó todos los controles de rutina, nos llenó de consejos para padres jóvenes y nos planteó la situación, recuerdo que me dijo que si yo quería mudarme a la clínica del convenio él no tendría inconvenientes en elaborarme una ficha médica para que fuera formal la derivación y de lo contrario que para él era un honor que lo hubiera elegido. En esos momentos yo trabajaba en una empresa local  y mi sueldo era de los más bajos de Cabrera, optar por un médico privado era una decisión complicada pero la tomé era la única forma de seguir en manos de “mi” pediatra de toda la vida. Periódicamente recomendaba regresar para los habituales controles, peso, talla, diámetro encefálico, etc. Y ante la pregunta “_ ¿Doctor cuánto le debo?” la repuesta era “_ Nada, la próxima consulta te la cobro” , “Pero, Doctor la consulta anterior tampoco me la cobró”;  a lo que él repetía :” No importa, la próxima, la próxima”. Tal vez su actitud era un premio a mi decisión de elegirlo sin importar la parte económica; en realidad a quién no le importaba la parte económica era a ese pediatra de cuerpo desgastado por los años y de dedicación a tiempo completo a la medicina.

Cuando en rueda de amigos surge el tema de la Medicina con mayúsculas inevitablemente alguien tira el nombre de Don Víctor Karakachoff, una inminencia de la pediatría, e historias como la mía de que me ayudaba para que yo lo siguiera eligiendo como pediatra hay miles en Cabrera que lo pintan como una gran persona, más allá de sus conocimientos.

Un día conversando con una enfermera que había trabajado a su lado en el Hospital, me contó la anécdota más impactante; por los años 80 los medicamentos se entregaban en el propio Hospital, a una mujer muy humilde le dio la receta y a los pocos minutos regresó al consultorio con la novedad de que el medicamento estaba agotado de stock, Víctor se levantó de su silla del consultorio finito y largo cuya ventana daba a calle Las Heras y le pidió a la enfermera que lo acompañara; en realidad no fue a revisar ningún armario, sabía que ese medicamento ya no estaba, hiso una llamada telefónica, averiguó el precio y de su propio bolsillo sacó su dinero y mandó la enfermera a buscarlo, la esperó en una oficina del Hospital y regresó, medicamento en mano, al consultorio vociferando : “ viste que había, acá nunca encuentran nada…” . Se cree que gastaba gran parte de su sueldo como médico hospitalario en ayudar a los más necesitados.

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Periódicamente viajaba a Córdoba en su auto particular, golpeaba puertas de oficinas  públicas y venía cargado de remedios para el Hospital de Cabrera. En sus comienzos en la medicina había muy pocos autos en la zona rural, a veces venían a Cabrera a buscarlo para visitar a un paciente grave a lo que el gustoso subía a algún sulky y viajaba a realizar su trabajo del cual recibía como paga una gallina, o unos cuantos huevos. Médicos de toda la región lo convocaban para las más exigentes juntas médicas como la voz de la experiencia, no llevaba libros ni apuntes a las juntas su mayor conocimiento como médico era su experiencia de vida, de años al pie de una vieja camilla que siempre tenía un niño encima.

Siempre recordaremos la luz que se enganchaba con dos pinzas a una batería, un pequeño maletín desgastado y las fichas médicas improvisadas en papeles de obsequio de los laboratorios, su consultorio lleno de diplomas de congresos médicos a lo largo de toda la Argentina y sus consejos que no sólo eran los de un médico, sino los de un amigo que aprendió mucho a través de la vida; desde el niño más humilde hasta el más rico se sentaba en su camilla, y allí Víctor aprendía de la medicina y de la vida, conocía más de Cabrera que cualquier ciudadano.

Hoy una pequeña sala del Hospital lleva su nombre…

No le pongamos rótulos, Víctor Karakachoff tenía solo uno, el que lucía con orgullo, de profesión… Médico.

PD: Para cerrar una frase extraída de Facebook “Doctor Kara...!!! EJEMPLO de honestidad, dedicación y vocación....!!! Ejemplo a seguir...El mayor respeto y cariño...!!!Mi querido Dr. Kara...siempre lo llevaré en mi corazón, y estoy segura que desde donde esté, guía mis pasos...” Julieta Rosso (Médica Pediatra)

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es relacionado con el Servicio Militar Obligatorio de décadas anteriores en Argentina donde se decía que era para “Correr, limpiar y barrer” pero en realidad la pronunciación es con acento en la última A (Colimbá) que rememora el nombre del más conocido de los caciques comechingones