GENERAL CABRERA: El llanto desgarrador de los perros de “Legui”

Cuanto pasa el cortejo fúnebre por la vivienda que queda justo entre la sala y el cementerio; el coche fúnebre se detiene para que los perros dieran la última despedida

Centro- Este Redacción Enamorate de Córdoba Redacción Enamorate de Córdoba
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A fines de 2017 Víctor Leguizamón un motociclista de 68 años oriundo de General Cabrera murió  al protagonizar un accidente en el tramo de la autovía ruta 36, la autovía de la muerte,  a la altura de Despeñaderos, en el kilómetro 765, tras perder el control en una moto Honda CBX de 250 centímetros cúbicos y quedar tendido en el piso.

“Legui” era una persona muy apreciada en la Ciudad por su hombría de bien y generosidad; en su casa o en las inmediaciones de la misma pasaban sus días varios perros, según la cuenta de algunos de sus amigos eran diez, todos ellos bien alimentados y atendidos. Dos de los perros estaban desde toda la vida con Víctor, el resto se fue sumando en búsqueda de afecto y alimento; algunos habrían llegado tras escaparse del refugio, otros eran callejeros y se fueron quedando primero unos días a la semana y después todos los días y de otros sólo “Legui” sabía cómo llegaron, sólo Dalma una anciana perra era de raza, el resto solamente perros sin raza indefinida . Según dicen Víctor no eligió a los perros, fueron los animales que lo eligieron a él.

Tras el fallecimiento en el accidente y los trámites de rigor llegaron los restos de Víctor a Cabrera ahí se produjo la primera escena que llamó la atención a los pocos minutos de llegado el féretro los perros se amontonaron frente a la sala velatoria; instinto animal, olfato poderoso, los perros sabían que su amo estaba allí y debían acompañarlo, pasaron la noche junto a familiares y amigos dándole la última despedida a Legui.

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Cuanto pasa el cortejo fúnebre por la vivienda que queda justo entre la sala y el cementerio; el coche fúnebre se detiene para que los perros dieran la última despedida. Los animales siguen hasta el cementerio al coche fúnebre y cuando lo bajaron al ataúd los perros  estallan en llanto desgarrador; una escena que los asistentes al sepelio no olvidarán jamás. Los perros acompañaron a su amigo hasta la última morada.

Otro dato que llama la atención, a pesar de que los perros pasaban sus días a media cuadra del cementerio jamás siguieron a una sepultura; en esta oportunidad era diferente sabían por un extraño instinto que ahí estaba Víctor.

Varios perros fueron adoptados algunas horas después por otras familias y los que quedaron custodiaron la casa y la gomería cómo si les hubieran encargado ser guardianes para siempre de ese lugar. Amigos de Legui pasaban a diario a alimentarlos para que sigan cuidados, tan cuidados como lo estuvieron siempre; pero su mirada no es la misma ahora son unos perros de ojos tristes y mirada distante; parte de su corazón quedó allí a la vera de la autopista; la autovía de la muerte, tan mortal que hasta se cobró la vida del mismo Gobernador que la mandó construir.

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