CHARACATO: Capilla Characato… La Capilla clausurada muchos años

Cuando todo parecía que marchaba sobre rieles, se desencadenó la tragedia
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Foto: Carlos Skorupka

Foto: Carlos Skorupka

Primero las tierras fueron de los comechingones, más tarde lo serían de los jesuitas. La Junta de Temporalidades creada después de la expulsión, vendió la estancia de la Candelaria en varias fracciones que pasaron a manos privadas. Paulatinamente, la posta instalada en esas tierras, se fue transformando en estancia.

A fines del siglo XIX, los propietarios eran Toribio Peralta y su esposa Remigia Guzmán, siendo ellos los que mandaron construir la Capilla de Characato. El ingreso está determinado por una puerta de dos hojas de abrir de simple factura. Sobre la misma, un 1895, modelado en el muro, indica la fecha de construcción.

Esta Capilla fue consagrada a Nuestra Señora del Rosario del Milagro, una advocación muy difundida en la Provincia de Córdoba. Su origen data de 1591, tras el triunfo de los cristianos en Lepanto; San Pio V, atribuyó la victoria a la intersección de la Virgen, invocada por medio del Santo Rosario.

De los dichos de José Raimundo Guzmán (88), del vecino pueblo de Characato, que fueran difundidos en agosto de 2006, por el diario “La Voz del Interior”,  se desprende una historia  de amor, tragedia y misterio, que pueden haber signado la vida, el destino de esta capilla solitaria.

Parecer ser que, dentro de las primeras tres décadas de su existencia, la vida transcurría con la normalidad propia de aquellos tiempos, hasta que ocurrió lo inesperado.

Es que, en los primeros años del siglo XX, dos hermanos provenientes de Dean Funes, habían recalado en el lugar en busca de trabajo. Los dueños de la estancia de Characato los tomaron y de ese modo los hermanos Amenabar, Joaquín e Ignacio, terminaron su peregrinar en busca de una ocupación que les permitiera vivir. Poco a poco fueron ganando la confianza de los propietarios y fueron realizando los trabajos de mayor responsabilidad.

Ignacio trajo a su mujer y sus tres hijos desde Dean Funes. Joaquín terminó casándose con Remigia Peralta Guzmán, hija de los dueños, y con el correr del tiempo y la muerte del fundador ocurrida unos años después, se transformó en el dueño del campo.

En la estancia la actividad crecía día a día generando un bienestar para dueños y empleados. La casa grande de la estancia se fue construyendo hasta lo que hoy todavía se conserva. La capilla cumplía su función y cada quince días un cura venía desde La Falda o Dean Funes.

Cuando todo parecía que marchaba sobre rieles, se desencadenó la tragedia. No hay registros veraces, pero en el pueblo aseguran que primero se suicidó Joaquín, el esposo de Remigia y que unas semanas después lo hizo Ignacio, el menor.

Dos hermanos unidos por el mismo misterio, con pocos días de diferencia, parados frente al altar, pusieron fin a sus vidas con sendos pistoletazos que se llevaron para siempre, todos los indicios, todos los por qué, todas las razones … Del centro a la izquierda, mirando al altar, fueron enterrados los hermanos Amenabar. Sus tumbas identificadas con lápidas de mármol fueron profanadas y han desaparecido.

La blanca Capilla de Characato hace casi ochenta años, entornó sus puertas y así permanece, alejada de Dios, desde aquellas muertes inexplicables.. Sin lugar a dudas, independiente del grado de veracidad, historias de este tipo son muy “vendedoras”.

En 1994, nuevos dueños se hacen cargo de la estancia de Characato. Antes de poner en marcha la producción del establecimiento, comenzaron por restaurar la capilla, que,  muy derruida,  había servido de establo, criadero de murciélagos y receptáculo de cuanta basura se les ocurría tirar a los ocasionales turistas, durante varios años.

Su actual propietaria descree de la historia narrada, de la cual no hay documentación que la avale. Manifiesta además, que la capilla ha generado numerosas y verdaderas historias de amor en estos años.

Cuenta que una familia de Buenos Aires en su primer viaje a las sierras de Córdoba, pasó por la Capilla, en momentos en que estaba muy deteriorada. Entraron, limpiaron un poco y los niños colocaron algunas flores que recogieron en las inmediaciones.

Ya en la Capital, la señora, que es muy devota, solicitó en su parroquia que le cedieran una imagen de la  Inmaculada Concepción, relatando el destino que le sería dado: la capilla de Characato. Al pasar al lado de la imagen, guiñándole  un ojo le dijo: "Si quieres ir, yo te llevaré".

A la semana, le informaban que había sido concedido su pedido. Al poco tiempo, la familia realiza un viaje para depositar la imagen en su nueva residencia. Cuando llegaron a la capilla, casi con sensación de milagro, la vieron majestuosamente blanca, recién restaurada.

A la siguiente semana, las ancianas hermanas Peralta, residentes en Cosquín, propietarias anteriores, llamaron  para entregar la Virgen del Rosario del Milagro  y la campana, ambas originales de la Capilla.  Decía una de las hermanas. “Todas las noches sueño que la virgen me pide volver a la Capilla“.

Desde la aparición de la nota, la Capilla se hizo conocida, no por  el valor patrimonial que la obra representa, sino por lo truculento de los acontecimientos relatados. Comenzó a ser punto de interés de las excursiones de la zona y el uso irrespetuoso de la misma, obligaron a sus dueños, con mucho pesar,  a cambiar la modalidad que se mantenía en los últimos catorce años. De estar abierta día y noche, para que quienes desearan orar en ella,  debieron cerrarla para preservarla.

A lo largo de décadas el reclamo por la Capilla golpeó las puertas del Obispado de Cruz del Eje, hasta que en 2013 la insistencia terminó dando frutos y las campanas, después de 80 años volvieron a sonar en Characato. El diario La Voz del Interior en su edición del 10 de mayo de 2013 anunciaba lo siguiente:

"La histórica Capilla de Pampa de Olaen será reabierta mañana [11 de mayo de 2013]. La propia Iglesia la condenó al cierre por una misteriosa tragedia.

Un día, hace 80 años las campanas dejaron de sonar. La capilla cerraba sus puertas y adentro, en la oscuridad, guardaba una historia de leyendas y tragedias. Mañana se reabre al público y en la Pampa de Olaen el sonido de las campanas invitará a la fiesta.

Para su reapertura y próxima restauración terció el padre Pedro Lopez, de Villa de Soto, con la autorización del Obispado de Cruz del Eje, que volvió a consagrarla como sitio religioso. Durante ocho décadas pesó sobre ella una pena canónica.

Mañana a la tarde habrá misa y una asamblea de vecinos, para aunar esfuerzo y lograr la restauración, a 118 años de su construcción. Paredes agrietadas, techos deteriorados y nada de mantenimiento, muestran sus huellas.

Cuando mañana reabra sus puertas, dejará ventilar los misterios que sobre ella se tejieron y motivaron que alguna vez, la propia iglesia, decidiera condenarla, y ahora “perdonarla”."

 

 

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